un nuevo y mejor pasado

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8:21 p.m.

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Beyond The Black Rainbow (Panos Cosmatos, 2010) es una joya poco conocida que, entre sus muchas virtudes, posee la de haber anticipado nuestra fiebre de nostalgia por las cintas de VHS, el sonido cósmico de los viejos sintetizadores, la tecnología de los albores de la computadora doméstica. No representa un hecho menor que Panos Cosmatos, el director de este film, es hijo del cineasta George P. Cosmatos, quien dirigió dos clásicos del cine de matinée ochentoso: Rambo II (1985) y Cobra (1986). Según contó el propio autor, de niño solía acompañar a su padre a un videoclub llamado Video Addict. En aquella época, le fascinaban las ilustraciones de las cajas de las cintas de terror. Sin embargo, debido a su edad, su padre no le permitía alquilarlas. Como consecuencia, de aquella inocente frustración nace este film. En efecto, Cosmatos elaboró esta película como si se tratara de uno de esos videotapes que no pudo ver de niño: aspira a crear un clásico de la época dorada del VHS que en realidad nunca existió. Un proyecto eminentemente borgeano, a medio camino entre los objetos del presente que modifican el pasado como en Tlon, Uqbar, Orbis Tertius y el célebre ejercicio de reescritura del Quijote por parte de Pierre Menard. De acuerdo con este plan, Cosmatos monta una historia que bordea sin pudor la ciencia ficción, el espiritismo y el gore mediante imágenes granulosas, saturadas de color y de melodías de sintetizadores. El resultado de este experimento es la perfecta recontrucción de una cinta  descubierta como por accidente, después de haber pasado años sin pena ni gloria en las estanterías de los viejos videoclubes de su tiempo.


 
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enter the void

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12:16 p.m.


fuente: http://www.movies.com/movie-news/photos/new-movie-posters-39the-void39-39colossal39-39get-out39-more/22169



El terror de The Void (Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, 2016) abreva en el estilo de los VHS de los años 80: elabora una atmósfera inquietante apelando al recurso de las luces de neón, de los sintetizadores, de la imaginería del terror pop con aires de Lovecraft, de los tentáculos de látex. Incluso le propone al espectador que adapte la norma de verosimilitud actual a los canones de la etapa dorada del videocassette. Porque en efecto, la suspensión de la incredulidad de nuestros días quizá halle ciertos desaciertos de guión que le resulten inaceptables. No obstante, si uno se presta a este pacto fáustico, la película le concede a cambio una experiencia del terror que resulta rara de hallar en las producciones del género de estos últimos años.  En esencia, The Void es un viaje al horror clásico que desencadena una extraña catarsis: compone una combinación de lo siniestro y de lo sobrenatural que no sólo consigue espantar al espectador, sino que además resucita en su espíritu el horror primordial que sintió con Hellraiser (Clive Barker, 1987), con Re-Animator (Stuart Gordon, 1985), con The Thing (John Carpenter, 1982), con The Fly (David Cronenberg, 1986), luego de alquilarlas en el videoclub.


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otros libros, otras inquisiciones

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3:23 p.m.


Entre los libros prohibidos por los Estados Japoneses del Pacífico, aparecen la obra poética de Yeats y de Blake, la distopía imaginada por Huxley, las opiniones sobre la experiencia religiosa expuestas por William James, los escritos de Freud. Junto a esos textos, figura también Other Inquisitions (Otras inquisiciones), la célebre colección de ensayos de 1952 pergeñada por el maestro Jorge Luis Borges. Un catálogo tan dispar -pero, al mismo tiempo, dotado de tan buen gusto- constituye el mejor ejemplo del capricho y del pavor que el poder autoritario suele demostrar frente a la capacidad de pensar diferente. Yo añadiría a esa colección de herejes Así habló Zaratustra de Nietzsche y, por supuesto (a fin de acrecentar la paradoja del relato a la que esta escena corresponde) la novela El hombre del castillo.

En efecto, esta instantánea pertenece al capítulo 2 de la segunda temporada de la serie The Man in the High Castle producida por Amazon Studios. La serie ya tiene confirmada su tercera temporada, a emitirse el año que viene. La historia está vagamente inspirada en la novela del mismo nombre, escrita por el autor estadounidense Philip K. Dick y publicada en 1962. La serie (dividida en dos temporadas de diez capítulos) cuenta las peripecias de un coro de personajes (ciudadanos estadounidenses, miembros de la resistencia, oficiales del nazismo, funcionarios del gobierno japonés) en una rama temporal alternativa en la que el nazismo ganó la Segunda Guerra Mundial y el territorio norteamericano acabó repartido entre Alemania y Japón.

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there are more stranger things

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3:53 p.m.



La ultimísima serie de Netflix, Stranger Things (Hnos. Duffer, 2016), convierte en un género las virtudes y los defectos estéticos de una década: los años 80. Más que con un argumento, su trama está tejida con referencias de películas, series, peinados, juguetes, máquinas, automóviles, publicidades y tics de esa época. El resultado es una historia diez mil veces contada pero que atrae no por ello, sino por la pátina de anacronismo que esa intertextualidad abrumadora le otorga. Es una forma pop de jugar el juego de Pierre Menard: no imitar lo que ET y Los Goonies ya contaron, sino escribirlo ahora a la manera en que se habría contado en esa época. El resultado es una serie que rinde culto excesivo (bordeando lo obsecuente) a una década y no por medio del hallazgo estético sino apelando más bien a la pura nostalgia. No digo que sea mala: gusta, gusta bastante. Pero el recurso de insistir en que todo es referencia se vuelve algo cansino y quizá puede provocar empacho al estómago que disfruta de la intertextualidad menos evidente.

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die antwoord o el rap joyceano

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7:41 p.m.



Hace poco menos de un mes fuimos a ver a Die Antwoord, un trío sudafricano que mezclan una enorme variedad de estilos para componer música que parece hip hop pero que no es enteramente eso. O al menos, sólo eso. En efecto, si uno se guiara por la imagen de Ninja y de Yo-Landi, podría suponer que nacieron y se criaron raperos gangsta en alguna villa de Cape Town. Pero lo cierto es que ambos vienen adquiriendo desde antes numerosas indentidades y, a lo largo de su carrera, se fueron metamorfoseando hasta convertirse en las criaturas que hoy (o al menos por ahora) conocemos.


Arriba: etapa MaxNormal.tv. Abajo: etapa Die Antwoord

Este detalle no resulta gratuito. De hecho, anticipa una pista acerca del método que despliegan estos artistas, método que trasciende lo meramente musical e invade el terreno de los nuevos medios. Vaya como ejemplo este fragmento:




A primera vista, parece una típica bravuconada de rapero que intenta imponer su estilo por sobre los otros miembros de su gremio mediante el alarde no sólo de su labia sino también de su fuerza. Este modo de expresión es muy común no sólo en el rap, sino en otras expresiones que tienen origen popular o  provienen de sectores marginales: en la payada y en el tango se puede rastrear este tipo de manifestación. El juicio estético, en primera instancia, puede detenerse en este nivel.

Sin embargo, hay otro nivel que juega en este rap y que tiene que ver con su fuente:




Es evidente que DJ HI-TEK RULEZ cita palabra por palabra la respuesta enfurecida de Mike Tyson. Hay varios procesos que se ponen en juego cuando se revela esta relación de intertextualidad. Por un lado, el rap apela a la figura épica del campeón de box como elemento que prestigia las palabras que utiliza, es decir, la serie de insultos. Por otro lado, el rap recicla las imprecaciones del boxeador y le otorgan cierto prestigio al concederle valor estético. Pero, a diferencia de la canonización que ejerce Andy Warhol, Die Antwoord devuelve la invectiva no a lo culto sino a lo popular. 




Esta claro que no hay nada de inocente en las metamorfosis de Watkin Tudor Jones y de Anri Du Toit. Como tampoco es casual que Die Antwoord cite la andanada de improperios de Mike Tyson sin mencionar la fuente. Este es un juego culterano que la música electrónica viene ensayando hace tiempo, pero que no es nuevo: se remonta a Joyce y, aún más lejos en el tiempo, a Rabelais, a Cervantes. Lo que sí es nuevo es que las citas circulen no ya sólo entre libros: una soberana puteada soltada en medio de una conferencia de prensa puede ser digna de rapearse con gran estilo.




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el extraño mundo de Jack

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11:55 a.m.


Imagen: http://www.thestateofthearts.co.uk/features/35927/




Room es la muestra de que el cine está comenzando a contar historias de un modo sui generis. En efecto, la gran metáfora de la película es el espacio: cómo hablar del mundo desde una celda. La cámara se encarga de componer esa metáfora asumiendo la mirada de Jack, quien no conoce más espacio que ese cubículo en el que nació y vivió durante cinco años. Así como Jack refiere lo desconocido mediante los pocos objetos familiares, así también la cámara nos enseña el microcosmos de su encierro. Y entonces, cuando Jack renace (o resucita) para entrar en la inmensidad del mundo, lo que vemos es la totalidad de lo desconocido: objetos borrosos, fragmentos indescifrables, sensaciones que se agolpan y transcurren a toda velocidad como los fotogramas de una cinta. Junto con Jack somos arrojados a lo extraño. Jack queda abrumado por lo indecible y nosotros -los espectadores, los testigos, los fisgones- quedamos abrumados por lo indiscernible.
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8 1/2 maravilla

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4:49 p.m.







The Hateful Eight es la muestra de las virtudes y los defectos de la obra de Tarantino. En efecto, la película suena como la obra de un extraordinario compositor de música de cámara que se encapricha en componer sinfonías: sobra demasiada orquesta para una composición que, de ser concisa (y aquí pienso la concisión como sinónimo de Reservoir Dogs), sería una obra maestra. A veces da la impresión de que Tarantino teme que su música no se escuche y entonces la sobrecarga de manera wagneriana a fin de concederle volumen. Es cierto que su exceso se ha convertido en estilo mediante este procedimiento. Aunque no me refiero a la exageración de la violencia o del sentido de la verosimilitud, joyas heredadas de las producciones clase B de los años 70, de la época dorada del VHS y (por línea más directa pero también más velada) del cine ultraviolento del joven Scorsese. Hablo más bien del exceso técnico que lo arrastra a construir una película con aires de grandiosidad visual pero con una mirada de director independiente. Pareciera que Tarantino renegara de sus tutores y jugara ser Leone. Y de este modo, su octava maravilla acaba convertida en un capriccio delicioso cuyo único pecado es el virtuosismo.


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the horror, the horror

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10:19 p.m.







1
Desde los viejos buenos tiempos se sabe que no se puede visitar el infierno sin un guía. Dante no ignoraba que sin la tutela de Virgilio nunca conjuraría con palabras los incesantes trabajos del infierno. La literatura siguió ese modelo y construyó la figura del aprendiz para narrar con ojos de inocencia los entretelones de un mundo despiadado. Fue Joyce en el siglo XX quien se encargó de separar al maestro de su discípulo en aquella célebre novela suya sobre el mundanal ruido y, desde entonces, la figura del alumno se ha dedicado a vagar por territorios desconocidos como un tonto o un extraviado. El cine se enamoró de ese huérfano. Lo dejó perdido mil veces en mil mundos despiadados: los mundos de la guerra, de la delincuencia, de la política, de la lujuria. Pero lo cierto es que este personaje componía un Virgilio disfrazado de Dédalus: eran los espectadores quienes en verdad oficiaban de Dante desde sus butacas inexpugnables. Ha sido el nuevo arte del videojuego el que ha venido a sacudir un poco esa posición imperturbable del espectador. Ya que, por obra y magia del gamepad, el personaje del juego se convierte en un avatar del jugador: de la pericia y de las decisiones de este dueño del poder del joystick depende la supervivencia del personaje. 


2
Sicario recoge este gran hallazgo. Convierte a Kate Macer en el avatar del espectador y no por mera identificación con su rol como se hacía antaño. No es ya el personaje sino la cámara quien obliga a participar al espectador. En efecto, ocupando perspectivas puntuales y limitadas (cámara en mano, cámara nocturna, planos secuencias que desvían la atención de los hechos centrales), la cámara asume la mirada y la creciente angustia de Kate Macer. Forzado por ese escorzo, el espectador se situa en la misma posición que el personaje y, desde entonces, ya no vuelve a sentirse inmune en su butaca. Crece en su interior la necesidad de hacer algo, de obrar sobre los hechos que se desarrollan fuera de su control y de su campo de conocimientos. Pero es impotente: tan impotente como la propia Kate.


3
Sicario no nos ofrece consuelo. Nos introduce desnudos en el horror, nos lo exhibe sin tapujos, nos deja mudos. Buscamos a un Virgilio que nos ofrezca una palabra para conjurar eso que no podemos (o no nos atrevemos) a nombrar pero lo que hallamos es, de nuevo, el horror, el horror multiplicado. Parece que descubriéramos de golpe que lo que nombrábamos hasta ese momento es en verdad cosa de otro mundo lejano, un mundo que nada tiene que ver con este infierno (que otros llaman Ciudad de Juárez) en donde ahora mismo nos hallamos. Quizá no seamos los visitantes sino más bien los condenados sin memoria, los hombres huecos, las sombras que repiten sin sentido palabras de una vida que ya no recuerdan.


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inside job(s)

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12:41 p.m.






Ojalá te engañe la música de cierre a todo volumen. Ojalá te engañe esa última sonrisa que parece revelar una carga en la que se mezclan el aprendizaje y el arrepentimiento. Ojalá te engañen ese "Hello" del principio y esa milimétrica imperfección de un ladrillo perfecto. Ojalá te invadan las ganas de aplaudir, ojalá quieras retumbar el piso con los pies, sólo porque sí. Ojalá hagas interminables filas de vigilia como un peregrino a la espera de ingresar a un sanctasanctorum de vidrio templado donde yacen unas reliquias de utilería. Porque sabes que todo esto es el espectáculo de un gran prestidigitador que se hace pasar por mesías. Porque sabes que te ofrecerá la manzana mordisqueada y te hará creer que la ha elegido cómo símbolo inspirado por el mito de Turing. Que te ofrecerá redimirte de la opresión del mercado y te dará una máquina a la que no podrás conectar otra cosa que no sea aquello que él quiera que veas (o escuches, o leas, o consumas). Corre, pequeño lemming, corre sin vértigo hacia ese desfiladero de cartón pintado. Porque él no te engaña, al contrario: te muestra los secretos de sus trucos con ardiente cinismo y tú los aceptas sin chistar como si fueran milagros.
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clásico, demasiado clásico

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9:39 p.m.


http://imgur.com/a/0eZJK




Por dar un ejemplo: en lo que va de esta década, la TV se ha despachado con obras maestras como True Detective, House of Cards, Hannibal, The Knick o Mr. Robot. Mientras tanto, las grandes productoras insisten con sus planes de estrenar remakes y trilogías extendidas. No es de extrañar entonces por qué muchos de los debates que en otro tiempo se encendían en torno a las películas de Fellini, de Bergman, de Scorsese, hayan empezado a migrar hacia los foros de seriéfilos. Y es que, ante este fenómeno de la serie que se reinventa saqueando lo más exquisito del cine (hermosa muestra de la posmodernidad que se alimenta de la posmodernidad), el cine pareciera estar volviéndose cada vez más clásico, demasiado clásico.



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