veintiocho cumplidos

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9:14 p.m.
Crecer significa perder cotidianamente la inocencia lo mismo que aquel juguete que -a fin de jugar solo más tarde- uno esconde tan bien que ya no vuelve a hallarlo más nunca.
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una declaración de principios

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9:03 p.m.
Estoy convencido de que la época de lo confesional se terminó. O en todo caso hoy ya no parece importante. ¿Qué sentido tiene conocer la intimidad de otro cuando finalmente uno descubre una vez tras otra que no queda ya nada de original o de extraordinario en ella y más aún: esa intimidad es -hasta en el detalle más trivial- idéntica a la de uno? Ha llegado el fin de los anónimos vicios o de los insospechados padecimientos que se develan. A la larga, al enseñarnos sus secretos, los demás demuestran ser tan vulgares como uno mismo. Tanto o incluso tan poco.
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hoy

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10:16 p.m.
Si me dejaran hablaría de los libros como quien pronuncia desaforado las palabras de un idioma extinguido. Menos me importa la gente y sus mezquindades cotidianas que una oración no anunciada, una simple palabra articulada en el ritmo de una frase como la nota que concluye un acorde, una confesión falsa que habla con más vida que la voz de esas pálidas sombras que me circundan día tras días. Para qué gastarme en oír trivialidades, lugares comunes, bromas de mal gusto, prejuicios, consejos maliciosos, redundancias, confesiones serviles, promesas ambiguas; en fin, todo ese pobre arsenal retórico que constituye la conversación corriente. Prefiero la exagerada mentira de un Miller, la irónica sutileza de un Kierkegaard, la presunta perplejidad de un Kafka, la devoción incendiaria de un Berdiaev, un Chestov, una Santa Teresa de Ávila, un Ciorán, la severa concisión de un Epícteto o un Marco Aurelio, la prometeica arrogancia de un Nietzsche. Con tanta energía devorándome el alma, me pregunto, cómo preocuparme todavía por los otros.
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comentarios que ahora mismo me dan ganas de hacer porque sí (ensayo)

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10:31 p.m.
Algunas ideas sin contorno acerca de lo que estoy leyendo durante mis viajes en subte (Wittgenstein: bárbaro de las estepas de la racionalidad). El olor que se infiltra por la rendija de la ventana mezclado a la conversación de las hornallas en el patio. Un regalo encima del escritorio que no me animo a entregar desde hace más de un mes. La corona que pagaron mis amigos para mi reciente funeral.
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proemio

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10:30 p.m.
Ya se sabe cómo es que esto funciona. Habrá que soportar al principio las ridiculeces de siempre. Aunque si se tiene la suficiente paciencia quizá de a poco vaya asomando algo. Por lo tanto no esperen nada todavía.
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